EL CANON

El canon es una forma de escritura musical que, bajo una aparente simplicidad, esconde una gran complejidad compositiva. Del griego antiguo kanōn, que significa «regla» o «precepto», este procedimiento se basa en la imitación rigorisa de una melodía inicial por una o varias voces secundarias.

El funcionamiento del canon se basa en una arquitectura precisa en la que la voz principal, llamada dux (guía) o antecedente, enuncia el tema musical que las voces siguientes, llamadas comes (compañeros) o consecuentes, reproducen con un desfase temporal preciso. Esta superposición de voces genera un contrapunto de notable riqueza armónica, en el que cada línea melódica conserva, sin embargo, su independencia.

El cañón, de lo simple a lo complejo

Johannes Tinctoris, influyente teórico del siglo XV, define el canon como «una regla que indica la intención del compositor tras cierta oscuridad» (regula voluntatem compositoris sub obscuritate quadam ostendens). Esta definición subraya la naturaleza intrínsecamente enigmática del canon: el intérprete debe descifrar las intenciones compositivas a partir de indicios a veces crípticos.

La diversidad de las técnicas canónicas da testimonio de la inventiva de los compositores. El canon simple, la forma más elemental, se limita a una imitación exacta al unísono o a la octava, como ilustra el famoso Frère Jacques.

Los compositores no han dejado de explotar el doble efecto del canon: apariencia de simplicidad (siempre es la misma línea melódica) y sutileza de la solución. Así, los cánones « de proporción», más sofisticados utilizan diferentes velocidades de ejecución para cada voz.
Josquin des Prés (c. 1450-1521) nos ofrece un ejemplo de ello en su Missa L’homme armé super voces musicales.

Los cánones retrógrados (cancrizans) exigen una lectura en sentido inverso, «a la cangrejo». Así lo hace Jean-Sebastien Bach (1685-1750) en la Ofrenda musical (BWV
1079).

Los cánones en espejo invierten los intervalos melódicos, lo que crea un efecto de simetría armónica. La segunda voz repite la melodía inicial, pero invirtiendo la dirección de cada intervalo: si la voz principal sube un tono, la voz imitadora baja un tono, y así sucesivamente.

El canon, emblema del enigma musical

Durante los siglos XV y XVI se desarrolla una verdadera fascinación por las formas cifradas: acertijos, adivinanzas, alegorías, jeroglíficos y emblemas. Esta pasión por el hermetismo impregna todas las artes, y la música se convierte en un terreno privilegiado para la experimentación enigmática.

Los procedimientos empleados revelan una creatividad sin límites. Las instrucciones verbales en latín, que se inspiran en fuentes bíblicas, clásicas o filosóficas, guían al intérprete hacia la solución. Los símbolos visuales y las imágenes alegóricas enriquecen la partitura con una dimensión iconográfica, lo que transforma la notación musical en un verdadero arte visual.

🔎 Para saber más

→ Descubrir los cañones de los siglos XV y XVI
→ Leer una historia de los enigmas musicales :  Katelijne Schiltz, Music and Riddle Culture in the Renaissance